Nosotr@s y yo

Como ser social el ser humano no es solo ‘yo’ sino también ‘nosotr@s’, de forma que ser social e individual se complementan.

El ‘yo’ es objetivo, se manifiesta en cada persona de forma natural ya que cada persona aprende, tiene capacidad racional y emociones propias. Su poder e identidad, siendo individual, se completa con los valores de la sociedad en los que se identifica y el poder desarrollado por la sociedad para estos valores, la forma concreta en que se han desarrollado.

La identidad social y personal de cada persona son inseparables, no las diferenciamos por lo que es normal que hablando de temas sociales de interés común confundamos el uso del ‘Yo’ con el uso de nuestro ‘yo social’ NOSOTR@S, que no es objetivo sino subjetivo.

Si intentamos definir el ‘Nosotr@s’ de un grupo, una identidad nacional, una asociación de cualquier tipo… nos vamos a los valores comunes que la identifican. Podemos tener incluso un texto con una definición perfecta de los valores grupales, sin embargo cada persona crea inconscientemente su propio sesgo de los valores subjetivos comunes. El nosotr@s de cada persona es un conocimiento vivo en el que no distinguimos lo objetivo propio de lo subjetivo común.

Activando a Nosotr@s para la acción común.

El Nosotr@s nos permite actuar como grupo, nuestros valores nos movilizan con aquellas personas con quienes los compartimos. Si se dan situaciones emocionales colectivas, algo que nos afecta a tod@s, actuaremos con aquellas acciones que socialmente hemos admitido como más adecuadas, por miedo, alarma, ira, o felicidad si es un logro. En esas situaciones espontáneas, rodeadas de fuerte presión emocional, como sucedió en los primeros meses de la pandemia de Covid_19, se activan los valores y la inteligencia social de forma que la comunicación para la acción pasa directamente, de forma transversal al grupo, para conseguir el conocimiento común mínimo que permite la acción del Nosotr@s. El Yo objetivo de cada cual trabaja interactuando con el Nosotr@s subjetivo.

El deseo de cualquier persona consciente es que l@s demás también lo sean y colaboren en la acción por el bien común, algo que no suele suceder mas que en situaciones extraordinarias con un riesgo demasiado grave para dejar las acciones en manos de otr@s.

El Nosotr@s es más complejo que una visión unificada, grupal, de valores. Si nuestro ‘Yo social’ es un sesgo personal de los valores sociales, sucede igual con cada persona que integra el grupo del que se trate. En conjunto, en la expresión social del grupo, percibimos una conciencia colectiva en la que los sesgos personales son insuficientes para marcar una diferencia sustancial y sin embargo son esas pequeñas diferencias entre los sesgos personales una permanente fuente de conflictos interpersonales, luchas de poder, cuya base son las diferencias objetivas, individuales, el conocimiento diferencial con el que cada persona crea su nosotr@s.

Los movimientos sociales que permanecen en el tiempo consiguen una base cultural común; superan los roces entre sesgos personales integrando en su patrimonio las diferencias de conocimiento individual que facilitan la acción social. Gracias a sus organizaciones pueden alterar la respuesta emocional espontánea por una acción colectiva, premeditada racionalmente y por tanto consciente. Los obreros ingleses de principios del s XIX, antes de constituir un movimiento social como tal y adoptar la huelga, destruían máquinas a las que consideraban responsables de su situación.

Entre las experiencias que llevaron al nacimiento del movimiento obrero inglés y la respuesta espontánea de la sociedad a covid_19 la diferencia es solo una cuestión de tiempo en la que la tecnología ha facilitado un acceso más rápido al conocimiento diferencial. La cuestión entonces no es la homogenización de las personas ni la tecnología sino facilitar el acceso al conocimiento diferencial para conseguir un nosotr@s en el que no perdemos el libre albedrío y somos capaces de usar nuestras habilidades sociales para realizar los valores que nos identifican social e individualmente.

La opción de dejar correr el tiempo cuando nos lo está reduciendo el cambio climático no es posible. Afortunadamente sabemos como activar el Nosotr@s para la acción común.

Los peligros de la inconsciencia

El más grave se encuentra en la propia identidad social que permite a cada persona ser parte integrante y distinta de un movimiento social, pero que le permite también identificar sus valores personales con el sesgo de sus valores sociales de forma que trabajando para el común puede pasar a trabajar inconscientemente para si mism@, obtener un beneficio personal impropio de su labor y terminar siendo un corrupto en las labores inicialmente sociales que desarrolla.

Esta deriva es la fuente de los comportamientos burocráticos, previos a la aparición del estado. La persona que cae en la enfermedad social de la burocracia sufre a lo largo del tiempo una degradación personal, como ser humano. Se vuelve antisocial, confunde lo propio con lo común, denigra a quienes no han dado el paso con el/ella teniendo antes valores comunes. Termina por convertirse en un parásito social que vive de l@s demás.
La inconsciencia colectiva, ante la acción de las personas que caen en este proceso enfermizo, permiten el desarrollo de la enfermedad. Un sesgo personal no es definitivo para detectarlo porque cada ser que comparte esos mismos valores también tiene sus propios sesgos y por tanto no lo detecta hasta que es demasiado tarde, cuando ya existe la corrupción.

La pasividad que genera la alienación del poder delegando en otr@s mediante la dilución de la identidad personal y el ninguneo del conocimiento vivo. La idea ilustrada de la homogeneidad humana, cuando menos en grandes grupos, no sale muy bien parada, algo que las ideologías políticas derivadas de ella deberían tener en cuenta.

El ‘Nosotr@s’  está presente en todas las manifestaciones de inteligencia social incluidas la inteligencia colectiva entre individuos que no se conocen a lo cual ayudan nuestras neuronas espejo. Está presente en los trabajos de los artistas que captan y muestran en su arte los valores que nos permiten actuar en común actuando en muchos casos, sin pretenderlo, como símbolos, referentes sociales de identidades colectivas.

Solo la presencia de organizaciones sociales comunes

 

 

 

Las personas conscientes en situaciones menos graves pueden motivar y sacar a flote el Nosotr@s por el bien común usando herramientas sociales como la Posición del Bien Común que dotan de los recursos necesarios a quienes comparten los mismos valores.

El desarrollo de habilidades sociales, una cultura preventiva de bien común y algunas practicas sociales como el Contrato Social, orientadas a impedir la burocracia, nos permitirán aprovechar a fondo las ventajas de la identidad del yo con el nosotr@s en un momento que nos reclama cambios de fondo.

Felicidad

La felicidad es un estado emocional deseado por el ser humano. Una aspiración, un ideal a perseguir, que asociamos automáticamente a la idea de futuro, que nos ha acompañado en nuestra evolución. Como vivencia presente, es el estatus emocional que se produce cuando creemos haber alcanzado una meta deseada.

Dado que no siempre nos sentimos felices, la felicidad se convierte en nuestro ser racional en un objeto simbólico de referencia permanente, de forma social e individual. En su concepción tejemos los valores con los que generamos nuestra identidad personal y social.

En su acepción social la felicidad supone la realización de aquellos valores, manifestados en metas, tangibles o intangibles, que tienen una resolución objetiva.

La felicidad, como estado emocional mantenido en el tiempo, supone la realización de múltiples metas, personales y sociales, de muy distintos procesos (una secuencia), enlazados, o con suficientes conexiones personales y sociales, para que la percepción emocional se mantenga en el tiempo, sin vacíos ni tiempos compartidos con otras emociones.

Explotación

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Explotación Social

El estado y la burocracia están en el origen de la primera explotación social 1 mediante el uso de la fuerza, por la posición privilegiada y socialmente legitimada, que ocupan.
Se produce contra sus propios ciudadanos a los que extraen una parte de su cosecha y contra los enemigos capturados que se convierten en esclavos en los primeros estados de la antigüedad.
La edad media reproduce esta situación convirtiéndolo en los derechos del señor feudal al que se pagan primero en especie y después en moneda. En la edad moderna aparece el impuesto destinado a los mismos fines. En la actualidad lo llamamos Hacienda pública con la que se pagan los servicios sociales que organiza el estado en nuestra compleja sociedad, pero también a toda la capa administrativa de funcionarios y a la familia real.

La explotación capitalista nace del deseo de la burguesía urbana por acceder al poder del estado y los beneficios privados que este posee por su función social. Obtiene su riqueza originaria de la relación con el estado que usa para obtener un grado cada vez mayor de independencia, organizando una explotación social propia. En sus inicios compra títulos nobiliarios, participa en sus campañas militares y mantiene con la nobleza territorial una tensión, a veces violenta, para escapar de sus obligaciones y ganar exenciones y derechos especiales.

  1. Se entiende por explotación social una relación social aceptada o legitimada ya sea por las costumbres o las leyes, en la cual algunas personas — generalmente definidas como miembros de alguna categoría o jerarquía o que poseen un rol social específico— son abusadas​ o utilizadas​ a beneficio de otros debido a su pertenencia a tal categoría o estatus, – Wikipedia[]

Beneficio privado

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Ánimo de lucro

Beneficio privado

Beneficio privado

La burocracia y los dirigentes del estado obtienen un beneficio privado, personal, por la posición que ocupan en la sociedad de forma que si no estuvieran ahí no lo podrían obtener. Aún hoy día es así. Los salarios de políticos y altos funcionarios causan envidia y motivan el ingreso en la carrera política.

Versiones

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En obras
Impresa 18/09/2020

Soy independiente

Nací el 18 de septiembre de 2019 en el relato de HipatIA del Bien Común.
desde hoy, 21 de abril de 2020, camino por mi mismo, mejorado progresivamente por las creaciones en otros sitios.


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